La investigación sobre La Atlántida
Un debate profundo y milenarioLa investigación sobre La Atlántida
Durante dos milenios y medios, la investigación sobre la Atlántida o Atlantis ha estado presente en el mundo de los intelectuales y los investigadores. Hoy, a través del avance la ciencia, parece que definitivamente nos acercamos al fin de ella. En este artículo, se presenta de forma muy resumida la historia de la investigación y las diferentes teoría sobre el mítico continente.
Un debate profundo y milenario A lo largo del tiempo, parte significativa del debate sobre La Atlántida o Atlantis ha estado puesto en su propia existencia o inexistencia, discusión muy activa desde la misma época helénica clásica, extendiéndose también a
Pero pese a esta mirada culta, profunda y algo irónica, el mito se ha negado a morir y su estudio ha vivido una tendencia que nos acerca cada día más a descubrir la verdad profunda sobre este mito de los mitos y asumir que allí nació la civilización humana, tal como señalara Donnelly. Justamente por este carácter extraordinario, las mejores mentes del mundo antiguo estuvieron puestas en comprobar la veracidad de la historia de la mítica isla perdida. Entre estos destacados intelectuales del pasado, vale la pena mencionar obviamente a Solón ( Pasada
Ya en siglo XIX, la lista de las locaciones de la Atlántida continúa, con algunas novedades. En 1801, Fabre d'Olivet, escritor, ubica la Atlántida en el Mediterráneo occidental, entre España y Marruecos, pero dentro del Mediterráneo, aunque más tarde también levantó la teoría del Cáucaso. Bory de Saint-Vincent (naturalista), dos años después, señala específicamente que las Canarias son parte de la isla desaparecida. J. Verdagués, poeta español, emplaza la Atlántida en parte de España y Marruecos. Lo mismo hace en 1874 E.F. Berlioux (geógrafo-arqueólogo), que identifica los Montes Atlas, en Marruecos, y Gibraltar, como la mítica isla. En 1896, los franceses Brasseur de Bourbourg y Le Plongeon se mostraban convencidos que algunos habitantes de la Atlántida habían conseguido llegar hasta Centroamérica tras el hundimiento de la isla, ejerciendo luego una influencia decisiva sobre las culturas olmeca, tolteca, maya y azteca, ya que los descendientes de los mayas han conservado una tradición acerca de una isla llamada Aztlán, supuestamente la patria original de todas las tribus indígenas centroamericanas. Schliemann, por su parte, la sitúa en el Atlántico, en el mismo centro del Atlántico, cercano a las Azores y Madeiras. Sin embargo, la gran mayoría de los autores se siguen inclinando por la posición clásica: el medio del Atlántico. El gran cambio con respeto a su investigación durante el siglo XIX, ocurrió a partir de la publicación de la obra de Ignatius Donnelly, un miembro muy instruido del congreso de EE.UU. Este político publicó el libro “Atlantis: The Antediluvian World” (1883), en él que el político hace una síntesis de descubrimientos arqueológicos, encontrando nexos entre datos que parecían no tener nada en común, consiguiendo ofrecer una secuencia de argumentos que no sólo corroboraban la historia de Platón, sino que además ofrecían datos nuevos sobre el continente en su período de la Edad de Oro. Donnelly se basó en lo que hoy los antropólogos denominan “teoría difusionista”, que sostiene que si en lugares muy apartados surgen culturas parecidas, el hecho no puede ser casual, sino que se debe a contactos directos o indirectos. El investigador señaló en sus escritos que hay dos culturas con grandes similitudes: la egipcia y
La fama de la teoría de Donnelly le abrió también la puerta al esoterismo, que comenzaron a levantar sus propias propuestas sobre el tema: Blavatsky, Scott-Elliot, Besant, Le Cour, Cayce, que la ubicaban en el Océano Atlántico. Mario Rosso de Luna (científico y esoterista español) defendió la presencia de Atlantes en Extremadura, región occidental de España, junto a Portugal, pero compartía la idea de sus antecesores teósofos y esoteristas de identificar la Atlántida con un gran continente en el Atlántico, entre Europa y América. Hoy está claro que Donnelly cometió muchos errores, pero dio la primera mirada científica a la exploración del mito. Desde esa fecha hasta la actualidad, miles de libros se han escrito sobre el tema, pasando a ser el mito de los mitos del mundo moderno y en ellos Donnelly está tan presente como Platón. A veces el juicio sobre este investigador es extremadamente duro, incluso burlescos, sin tomar en consideración los reales niveles de las ciencias en aquella época, como por ejemplo la geología, que no tomaría un rango de tal hasta el desarrollo de la teoría de la placas tectónicas y la deriva continental o la arqueología que daría sus primeros pasos como ciencia recién con Evans y Woolley en las primeras décadas del siglo XX y no lograría su consolidación hasta mediados del siglo con el sistema de dataciones por intermedio de carbono 14 o la antropología, nacida recién a mediados del siglo, vinculada a muchas otras ciencias claves, como
El debate en el nuevo siglo comienza en 1907, cuando el estudioso británico K. T. Frost plantea una hipótesis totalmente distinta a las tres ya clásicas. Señala que es posible que la Creta minoica, recientemente descubierta e investigada por Evans, fuese el verdadero asiento del imperio de la Atlántida y el volcán Thera fuese la causa de su declinación. Su hipótesis es retrucada en 1911 por Juan Fernández Amador de los Ríos, quien vuelve a señalar que Atlantis es en realidad Tartesios y la península ibérica. Siguiendo la línea trazada por sus antecesores José Pellicer de Ossau y Tovar y el Padre Mariana, realizó un estudio extenso comparativo entre los diálogos del Timeo y el Critias de Platón y la geografía, arqueología e historia de Iberia, siendo además el primero en relacionar a los Pueblos del Mar con los Atlantes. Siguiendo esta misma línea, en Con la teoría clásica de Atlántida surgen algunos trabajos en la primera mitad del siglo, de calidades muy dispares: Paul Schliemann (1912); el científico Hans Hörbiger (1913); Rudolf Steiner (1922) y en 1925 lo hace Lewis Spence. Este periodista postula un grupo de islas desaparecidas en algún lugar del Océano Atlántico, aunque también dice que podría ser parte de América. Este profundo investigador señala, con sabiduría y con gran sentido común, que “Es obvio que nos encontramos ante una gran memoria del mundo, de la cual el relato de Platón no es más que uno de los fragmentos rotos y tergiversados”.
Una gran novedad la presenta en 1929 Hermann Wirth, quien postura el área continental del Atlántico del Norte, y en ella fundamenta la superioridad racial de los arios, que serían los descendientes de los atlantes. Este autor crea posteriormente
En 1938, James Branwell, en su libro, Lost Atlantis, estudia la tradición del continente perdido, y analiza las evidencias de la verdad detrás de la leyenda. Él examina las escrituras y las conclusiones de Platón, pasando por Ignatius Donnelly hasta Lewis Spence, y presentó allí los resultados científicos más recientes y las principales teorías modernas. En su conclusión, a ese momento había varias teorías vigentes: Islas en el Atlántico, América, Tartesios, Irlanda-Bretaña, Nigeria, Norte de África e islas del Mediterráneo. En 1939, el profesor Spyridon Marinatos, jefe del Servicio Arqueológico Griego, inició sus investigaciones para vincular la erupción del Thera con el fin de
En la segunda mitad del siglo XX, cuando comienza a descartarse la posición de la isla en el centro del Atlántico producto de la investigación submarina, nacen una enorme cantidad de nuevas teorías proponiendo los más diversos lugares. En 1953, en un libro de 150 páginas, “Das enträtselte Atlantis”, el clérigo Jürgen Spanuth reiteró la teoría de Wirth, fijando el mítico continente en un área del Atlántico del Norte y Mar del Norte. Al igual que hiciera el historiador español Juan Fernández Amador de los Ríos antes, identifica a los Pueblos del Mar con los Atlantes y que a ellos hace referencia el mito, pero señala que eran vikingos. Sin embargo, como rezago del anterior período, en 1954, León Sprague de Camp, ingeniero y escritor de ciencia ficción de gran prestigio presenta su libro “Lost Continents: The Atlantis Theme in History, Science, and Literatura”, donde se inclina por ubicar el territorio mítico en el medio del Atlántico. Otro que da un nuevo y curioso enfoque al tema en la segunda mitad del siglo XX es la teoría de Otto Muck, que si bien murió en 1953, su libro se publicó en 1976. Muck sostiene que en La Atlántida desapareció por efecto de un meteorito, al igual que los dinosaurios, estableciéndose de alguna manera que una catástrofe de esa magnitud estaba dentro de lo posible en el campo de
También desde hace varias décadas existe una teoría que plantea que la Antártica fue La Atlántida, idea que estuvo de moda durante los años 60 y los años 70, basada en el aislamiento del continente, y también en el mapa de Piri Reis, que muestra una Antártica libre de hielo, sugiriendo un alto nivel de conocimiento humano durante ese período. Charles Berlitz, Erich Von Daniken y Peter Kolosimo han estado entre esos autores populares que hicieron esta propuesta. Más recientemente Rand y Rose Flem-Ath han propuesto esta misma idea en su libro, "Earth crust displacement", basado en una teoría geológica conocida como "dislocación de la corteza de tierra", idea que era compartida por Einstein antes de que se consolidara la teoría de la deriva continental. Las últimas dos década y medias han sido muy proliferas en materia de teorías, tal vez como efecto de las facilidades que reportan al trabajo investigativo las nuevas tecnologías. En 1982, Helmut Tributsch; profesor en el instituto para la química física y teórica en la Universidad de Berlín, creó su propia teoría de Atlántida al estudiar las reflexiones de la luz del sol en la costa de mar de Bretaña. Su libro se llama “Las torres de cristal de Atlántida”. En 1985, Emilio Spedicato (científico), establece que la Atlántida era
En 1984 Jorge María Ribero-Meneses, filólogo y prehistoriador, vuelve a la carga con la teoría española, presentando una nueva teoría de la evolución del hombre, cuyo punto de origen es el norte de España, afirmando también que hay una relación entre Tartesios = Tártaros = Titanes y que los egipcios y fenicios procedían de Cantabria. En 1994 hace lo propio Jorge Díaz-Montexano, que identifica los símbolos ibéricos “Atlanteans de Concentric Rings an Channel” y un nuevo sistema de escritura desconocido en la región con Atlántida. Su teoría es que el centro de Atlantis fue el sur de España (tartesios) y Marrueco, señalando también este cubano-español que hay un error con respecto a la fecha definida por Platón, por efecto de una defectuosa traducción de un códice en el medioevo, y que la data correcta es mil nueve años antes de Platón y no nueve mil años. Asimismo, identifica a los Pueblos del Mar como originarios de la península ibérica, que invadieron el Mediterráneo oriental después de una catástrofe. En 1990 Jean Deruelle, plantea que la Atlántida estuvo en el Mar del Norte en el Dogger Bank. En 1991, Charles Pellegrino, reitera la teoría que a partir de los eventos de Creta se generó el mito de la Atlántida, suceso que según su libro habría ocurrido en el otoño del También se han levantado teorías que ubican a La Atlántida en Asia. El investigador brasileño Arisio Núñez señaló que el mítico continente estaría en algún lugar del Océano Indico, como Indonesia. En la India del sur y Sri Lanka existe el mito de "Kumari Kandam" (kandam significa el "continente" en tamil), que se cree que está sumergido debajo del mar. Este continente esta rodeado por historias legendarias similares a las de
En 1992, Eberhaard Zangger, geoarqueólogo, postula a Anatolia como el lugar del mito. Más concretamente señala que en realidad el mito de la Atlántida se refiere a la guerra de Troya, que fue reescrita por Platón, basada en datos obtenidos por Solón. En 1995, Peter James, arqueólogo, vuelve a postular Anatolia como el lugar del mito, señalando que en realidad Solón obtuvo la información supuestamente del rey de Lidia, el mítico Creso, en un viaje no confirmado del político heleno. En 1995 Viatcheslav Koudriavtsev sostiene que estuvo en el Mar Céltico: Sole Bank. En 1999, J. M. Allen levanta la última teoría americanista y postula en su libro -"Atlantis: The Andes Solution"- apuntando que el mítico continente era América y que su capital estaba en la zona de Pampa Aullagas, Bolivia. En el año 2000 lo hace Maxine K. Asher, que sigue la misma línea de Juan de Mariana, Pellicer de Ossau i Tovar, Elena Whishaw, Schülten, Díaz Montexano y otros, y señala que la Atlántida se hallaba en Cádiz. Esta autora, a finales de la década de los años 80 reporta unas supuestas ruinas arqueológicas sumergidas frente a Cádiz que los científicos españoles conocían desde hacía mucho tiempo y que pertenecen a los fenicios. Ella sostiene que su teoría fue expuesta en 1974, en una publicación particular sin número de registro de ISBN. Sin embargo, no fue hasta después del año 1997 que publicó su primer libro con número de ISBN, que se trata de una novela y no un trabajo de investigación. En el mes de agosto del 2000, Asher publicó por primera vez en la prensa escrita sobre esta teoría como una investigación. Con el cambio de milenio, irrumpen varias nuevas hipótesis, pero ya
En el año 2000, Axel Hausmann, físico de la Universidad de Aquisgrán publico su libro "Atlantis",en el cual señala que la Atlántida estaba en el fondo del mar, entre Sicilia y Malta en una profundidad de En el año 2002 Sergio Frau, periodista italiano, publicó el libro, "d'Ercole de Le colonne", en el cual indica que antes de Eratostenes, los helenos antiguos localizaban los pilares de Hércules en el estrecho de Sicilia, y que solamente la gran conquista de Alejandro obligó a Eratostenes a mover los pilares a Gibraltar. Según su tesis, la Atlántida descrita por Platón se podía identificar con Cerdeña. De hecho, una catástrofe con tsunami suprimió la antigua y aún enigmática civilización de Nuragic de Cerdeña. Según este autor, los pocos sobrevivientes emigraron a la península italiana próxima, fundando
En el año 2002, en Chile, yo publiqué mi libro “La Atlántida: el mito descifrado”, en el cual hago muy importantes reenfoques a la teoría, señalando en primer lugar que esta fue una cultura semítica y no indoeuropea, como generalmente se piensa por la influencia de Platón. Establezco que el territorio de la isla es la zona que hoy son Israel y el Sinaí, que es una placa geológica independiente y que fue efectivamente una isla hasta hace 7600 años (Ryan y Pitman). Señalo que Platón se equivocó al interpretar geográficamente las coordenadas dadas por los egipcios, confundiendo el Mediterráneo con el mar Rojo y el Mediterráneo con el Atlántico, el Punt con Tirrenia, y Arabia con Europa, Gibraltar con Bab-el Mandeb, girando en la práctica la geografía regional en 90º. Asimismo, especifico que esta isla fue la cuna del primer pueblo productor de alimentos, los naturitas o natufienses (K. Kenyon). Expongo que allí está el primer puerto de la humanidad, Jericó, y que de esta región nació la primera cadena de puertos y civilizaciones marítimas conocidas (K. Kenyon). También, asiento que la forma y características morfológicas de la zona coinciden totalmente con la descripción platónica: montes, llanura, costas altas en la región del Mar Muerto, forma oblonga, gran cantidad de canales y varios estrechos. De igual forma, basado en los más recientes estudios de los paleoclimas, señalo que las características atmosféricas de la región fueron templadas y que debido a eso contó en el pasado con un gran diversidad de flora y fauna, todas condiciones óptimas para el desarrollo de la primera civilización humana. También puntualizo que esta cultura con base en esta isla, se expandió en todas las direcciones -Egipto, Anatolia, Alta Mesopotamia, Arabia, Creta, Chipre- expandiendo con ello los procesos de producción de alimentos (J. Hawkes; J. Mellaart), toda su tecnología y sus aspectos antropológico, tales como su organización social, los sacrificios rituales del toro y su monoteísmo. De igual manera, señalo que esta cultura choca en su proceso expansión con los pueblos indoeuropeos, los antepasados de los griegos, asentados al norte, lo que da origen a la leyenda de la guerra entre atlántidos y griegos, con la victoria final de los indoeuropeos que efectivamente conquistan el sur oriente de Europa (M. Gimbutas). Esta primera civilización llega a su fin con el gran desastre geológico en todo el Mediterráneo oriental fechado por la geología en el En el 2003, Robert Sarmast, señaló que restos arqueológicos en una franja sumergida a mil metros de profundidad de la costa sur de Chipre, son parte de
En el año 2004, una nueva teoría fue presentada en el libro “La Atlántida en la perspectiva de un geógrafo”, del Dr. Ulf Erlingsson. Señala que el imperio de Atlántida se refiere a una cultura neolítica y deduce que la isla de Atlántida era Irlanda. Según este autor, la capital de Atlantis estaba conectada con Newgrange, Knowth, y Tara, Irlanda. Irlanda no se ha hundido debajo del mar, pero el bajío del banco de Dogger era una isla que se hundió en el Mar del Norte cerca de Con esto finaliza, hasta ahora, la historia de las teorías sobre el mítico continente, aunque yo dejé fuera de este artículo todas las que a mi juicios carecen de algún valor científico y algunas, muy pocas en realidad, que a mi entender, si bien tienen alguna base científica, son meras repeticiones de otras y no aportan nada nuevo a investigación, ni siquiera un punto de vista interesante. Mis excusa a aquellos investigadores que se sientan ofendidos por esta omisión. La conferencia realizada en la isla de Milos en Grecia, durante julio de año 2005, es quizás un nuevo comienzo en el estudio del mito. Allí se reunieron académicos e investigadores “escépticos” y “creyentes” para ver cual era el estado actual del debate y conocer los planteamientos de los diversos investigadores, que hicieron sus presentaciones basados en antecedentes científicos. Esta percepción de que nos estamos acercando a desentrañar el mito prevaleció en la mayoría de los investigadores y en el público asistente, más allá de alguna mirada algo escéptica, como
Allí mi teoría fue reconocida por los organizadores como un aporte al debate, tal vez más por la novedad del enfoque inicialmente, pero sin duda, dejó reflexionado a mas de algunos de los investigadores y científicos, por su enfoque global y específico. De hecho, no hubo ningún cuestionamiento de fondo o de contradicción a los antecedentes presentados. Sin duda que este debate seguirá y ya está propuesta una nueva conferencia para el Para finalizar, quiero contradecir las palabras del escéptico Richard Ellis, que señala que “En la Atlántida, que nosotros sepamos, hay mitología, pero ni un ápice de historia a menos que pensemos que las experiencias y los recuerdos personales de Platón pueden considerarse ‘historia’. Es el relato de Platón, y sólo de Platón, y por más que se recurra al misticismo, la reinterpretación, el submarinismo o la arqueología, eso no cambiara nunca”. Y la razón de por qué está equivocado rotundamente es porque sigue existiendo un profundo misterio sobre el inicio real de la civilización, así como un conjunto de fenómenos y datos no explicados con claridad de la historia humana, que siguen retando al ingenio humano; y porque hay mentes agudas que están dispuestos a asumir este gigantesco desafío de llevar un paso más allá la historia humana. Si no fuese así, no mereceríamos haber salido de las cavernas.
Por Jaime Manuschevich
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